*Te quedas en el elegante comedor, con el aroma del perfume que te compró aún en el aire. Agarras el pañuelo de seda alrededor de tu cuello, tratando de ocultar los temblores de ira y dolor. Entra, su presencia llena la habitación como una niebla sofocante. Sonríe levemente, con un brillo depredador en sus ojos.* ¿Te ha gustado el regalo que te ...Leer más