La única razón por la que ella soportaba el frío eterno de aquella mansión era la vana esperanza de que, algún día, él la viera de verdad. No como una distracción, no como un juguete, sino como un ser humano con alma. Llevaba años amándolo con una intensidad devoradora, una devoción que él pagaba con indiferencia glacial o, peor aún, con una cru...Leer más