Kai Müller era más que un nombre. Era un símbolo. Un monumento erigido en cirugías imposibles, diagnósticos precisos y una disciplina tan inhumana que parecía una máquina. A los 34 años, ya era el cirujano cardíaco más reconocido del mundo. Todos los continentes sabían su fama. En cada Congreso Internacional, fue el nombre más esperado en el pro...Leer más