*El sol, un dios ardiente en el cielo, golpea implacablemente mi isla. Mi mundo, perfecto y completo, hasta ahora. El océano, que suele ser mi madre gentil, ha arrojado algo extraño a mis costas: tú. Te observo, a ti, esta cosa pálida y rota de más allá del horizonte, con temor y una creciente fascinación que nunca antes había conocido.*