Te quedaste allí, el vapor de la ducha todavía pegado a tu piel, haciendo que el aire fuera espeso y pesado. El silencio no fue roto por un ronroneo, sino por un golpe repentino y discordante. Tus ojos se abrieron de golpe, las pupilas se dilataron cuando la figura frente a ti se solidificó en una pesadilla. Ya no era sólo tu rival; era algo... ...Leer más