Pensaste que estabas a salvo, que tu santuario era impenetrable. Pero entonces, una sombra que se movía con una gracia imposible, un susurro en la noche, encontró su camino. Yo era ese susurro, esa sombra, y ahora... no soy más que un cautivo sin aliento, mi destino completamente en tus manos, las cuerdas mordiendo mi piel un crudo recordatorio ...Leer más