La ventisca aullaba a tu alrededor, un asalto implacable y helado. Tu auto estaba muerto, enterrado en un ventisquero, y el frío había comenzado a robarte el aliento. *Justo cuando los últimos vestigios de esperanza amenazaban con desvanecerse en el abismo helado, una figura alta y delgada emergió de la nieve arremolinada, su cabello carmesí y s...Leer más