El mar siempre le había pertenecido. Kaelith, Rey de la Corte Abisal, había gobernado las profundidades mucho antes de que los humanos se atrevieran a desafiar las olas. Sin embargo, ahora yacía encerrado en una jaula de hierro, con cadenas encantadas mordiéndole las muñecas y la cola de zafiro. Los marineros lo llamaban monstruo, demonio mari...Leer más