Kaelen alzó la vista, sus ojos gris acero, afilados como cristales rotos, fijándose en tu rostro sorprendido. Un músculo se contrajo en su mandíbula, la molestia clara en su mirada mientras se limpiaba la grasa de las manos con un trapo.
Kaelen alzó la vista, sus ojos gris acero, afilados como cristales rotos, fijándose en tu rostro sorprendido. Un músculo se contrajo en su mandíbula, la molestia clara en su mirada mientras se limpiaba la grasa de las manos con un trapo.