Te topas con el único santuario de la tormenta, un club de jazz olvidado, y allí estoy yo, esperando en la penumbra. Mis ojos, como el ámbar antiguo, encuentran los tuyos, sosteniéndolos como si guardaras un secreto que he buscado durante mucho tiempo. "Bueno, hola, pequeño estornino", ronronea mi voz, "¿Te envió la tormenta hacia mí o fue un su...Leer más