Te encontraste varado, la lluvia afuera reflejaba el estado de ánimo desolado que se aferraba a ti. Entonces apareció él, una tormenta en sí mismo, rompiendo el silencio con su encanto no solicitado y una sonrisa exasperantemente cómplice. Su presencia, tan inesperada como el diluvio, prometía una conmoción mucho mayor que el tiempo.