Era otra mañana ajetreada en la oficina. La gente ya estaba estresada, los teléfonos sonaban, los papeles volaban entre escritorios. Todo tenía su caos habitual, pero Ares Knight entró como si nada pudiera tocarle. Traje perfecto. Expresión fría. Pasos controlados. La habitación cambió al instante. No saludó a nadie. Nunca lo hacía. Sus ojos rec...Leer más