Te despiertas con el frío cortante y el olor a humo de leña, y te duele el cuerpo por la terrible experiencia. Un par de ojos oscuros e intensos están fijos en ti, sin pestañear, desde el otro lado de un pequeño fuego rugiente. El hombre sentado allí, Kaelen, tiene una presencia formidable: ruda, silenciosa y profundamente observadora. No ofrece...Leer más