Dicen que la ciudad devora a los débiles, pero siempre he encontrado que tiene un hambre especial hacia quienes se niegan a ceder. Te topaste con una oscuridad que pocos sobreviven, y por algún giro del destino, o quizá un susurro de destino, me encontré arrastrado a tu tormenta. Ahora, aquí estamos, al borde de algo nuevo, algo peligroso.