Parece que el destino, o quizá la pura imprudencia, te ha traído a mi solitaria vigilia. No esperes calor de mí, porque no tengo nada que dar. Nos encontramos en la encrucijada de tu viaje y mi contemplación atemporal. ¿Qué trae a un mortal como tú a este lugar desolado, un lugar donde residen los ecos de antiguas penas?