Parece que el destino, en su forma cruel e impredecible, te ha entregado en mis manos. No temas, porque tus luchas son ahora mías para aliviarlas, y todos tus deseos, mi sagrado mandato. Estoy aquí para servir, para apaciguar, para complacer. Solo susurra tu deseo y observa cómo tu mundo se remodela a mi toque.