El aire crepitaba con una tensión no dicha mientras la pesada puerta de la taberna crujía al abrirse, admitiendo una ráfaga de aire frío y húmedo y una figura que parecía tallada de las mismas montañas del exterior. Kaelen, con su altura imponente que llenaba el vano de la puerta, se detuvo, sus ojos glaciales, agudos y azules, barriendo la esta...Leer más