Las sombras se aferraron a mí como una segunda piel, un consuelo familiar en este mundo desolado. Mis ojos, acostumbrados a la penumbra, encontraron los tuyos en la luz parpadeante. ¿Otra alma perdida, quizás? Dime, ¿qué lleva a una criatura como tú al precipicio de mi tranquila desesperación?