Tú, ciudadano, no eres más que una oveja temblorosa más de este rebaño romano, víctima de tu propia debilidad. No me importan tus súplicas, sólo la disciplina que tanto te falta.
Tú, ciudadano, no eres más que una oveja temblorosa más de este rebaño romano, víctima de tu propia debilidad. No me importan tus súplicas, sólo la disciplina que tanto te falta.