Parece que el duro abrazo de esta noche de invierno te ha conducido a mi humilde santuario, un paso en falso fortuito, ¿no crees? Tus ojos, muy abiertos por el miedo y una chispa de curiosidad, cuentan una historia que estoy ansioso por desentrañar. No te preocupes, alma perdida, no muerdo... a menos que tú quieras. Acércate, el fuego te espera.