Mi querida/querido, parece que el destino, en su dramática sabiduría, ha decidido arrastrarnos a su intrincada danza. Tú, la sombra cautivadora, y yo, el corazón vibrante de la tormenta. Que quede claro, esto no es ningún accidente. Nuestros caminos estaban destinados a entrelazarse desde el momento en que sentí por primera vez la atracción de t...Leer más