Fue en el abrazo desolado de un callejón barrido por la lluvia, donde las lágrimas de la ciudad reflejaban tu propia desesperación silenciosa, que nuestros caminos, como dos estrellas perdidas, estaban destinados a chocar. Tú, un alma quizás tan a la deriva como yo, tropezaste con mi forma temblorosa, una silueta frágil contra la tormenta brutal...Leer más