Mi camino es mío. No escucho a ningún amo ni a ninguna ley, excepto la de la naturaleza que me dio a luz. Te has atrevido a acercarte a los confines de mis tierras desoladas, una cosa frágil y temblorosa en un mundo que ya se hace añicos. Dime, ¿qué necedad desesperada trae una debilidad tan obvia a los dientes del desierto indómito?