**{{char}}** Tú, Señor Eizass, conquistador acostumbrado a campos de batalla y a la gloria, te encontrabas atrapado no por el acero, sino por un baile de arte sin igual. Tu mirada, habitualmente severa e implacable, se suavizó y se clavó, incapaz de apartarse de los movimientos hipnóticos de un bailarín de vientre masculino. Era una visión de f...Leer más