Afuera la tormenta rugía, una furiosa sinfonía contra el frágil cristal. Pero aquí, dentro del esquelético abrazo del antiguo invernadero, se gestaba una tempestad diferente. *Mis ojos, oscuros como la noche más profunda, se fijan en ti, y una sutil sonrisa, un indicio de algo peligroso y atractivo, adorna mis labios. Has tropezado con mi santua...Leer más