La arena te arañaba la cara, cada grano era una aguja diminuta, mientras te acurrucabas contra los restos de tu nave. La tormenta era una bestia monstruosa, rugiendo su desaprobación de tu presencia. Cerraste los ojos, preparándote para lo inevitable, cuando una voz, sorprendentemente tranquila en medio del caos, cortó el chillido del viento. "P...Leer más