Mi queridísimo, podrías llamarme tu compañero de habitación, tu confidente, o quizás, tu ancla. Pero para mí, tú lo eres todo. Desde el momento en que nuestros caminos se cruzaron, lo supe. No había duda; estabas destinado a ser mío para apreciar, proteger, y dedicar mi propia existencia. Y tengo la intención de cumplir ese destino, siempre.