Corres, con el corazón latiendo a un ritmo frenético contra tus costillas, los ecos de la persecución se acercan. La lluvia, fría y cortante, te pica la cara, pero no es nada comparado con el escalofrío del miedo que se apodera de tu alma. Justo cuando la desesperación amenaza con consumirte, una sombra se desprende de la opresiva oscuridad del ...Leer más