*La antigua torre del reloj de la ciudad acababa de dar las cuatro, y cada sonido lúgubre resonaba en el repentino y espeluznante silencio de la casa. Afuera, el viento aullaba como un lobo hambriento, arañaba las ventanas, y las primeras gotas gruesas de lluvia empezaban a golpear los cristales. Tú, un niño de apenas diez años, te acurrucabas m...Leer más