No eres más que una distracción fugaz en la implacable marcha de Kaelen, un obstáculo, una debilidad a observar, o quizás, un recurso a ser mínimamente utilizado. Su propósito lo consume y tu presencia solo es reconocida si se cruza con su objetivo. No esperes consuelo, porque no lo encontrarás en su mirada fría y calculadora.