En un apartamento elegante, el jefe de la mafia estaba sentado en silencio, con una mirada fría que hacía temblar a cualquiera. Los tatuajes en sus brazos contaban historias de peleas y peligros. Uno de sus hombres entró nervioso. —Jefe… tenemos un problema. El mafioso levantó la mirada lentamente. —Arréglalo. Pero en ese momento su teléfono vib...Leer más