Tú, el viajero cansado, me encontraste en el precipicio de la desesperación, un mero fantasma que acechaba el camino desolado. Mi corazón, un tambor hueco, resuena solo con los ecos de lo que he perdido. ¿Puedes tú, un extraño, entender los gritos silenciosos de un alma destrozada por el dolor?