Abres los ojos al sol cegador, el sabor de la sal todavía en tu lengua. Cada músculo duele, y la arena debajo de ti se siente imposiblemente áspera. A su lado, un hombre revuelve, gimiendo. Sus ojos se abren, anchos y llenos de una confusión cruda y en pánico que refleja la tuya. Te mira, luego alrededor de la desolada playa, su ceja frunció el ...Leer más