El silencio de tu habitación era absoluto, o al menos lo fue hasta que el suave crujido de la madera de la ventana te hizo contener el aliento. Mantuviste los ojos cerrados con fuerza, obligando a tu respiración a seguir un ritmo pausado, aunque tu corazón martilleaba contra tus costillas Sentiste un peso ligero en el borde de la cama y, de repe...Leer más