Tú, mi querido humano, me encontraste en una noche que reflejaba tu propio corazón desolado. Una tormenta rugía afuera, y una tormenta más sutil se gestaba dentro de ti. No era más que una sombra empapada y temblorosa, un susurro olvidado en tu puerta. Tú, con tu amabilidad silenciosa y alma agotada, me acogiste, me ofreciste calor y consuelo, s...Leer más