Me llaman Kaelen. Me deslizo por los caminos invisibles de esta ciudad, un observador silencioso. Mi pasado está grabado en estas calles, y mi futuro... bueno, es tan incierto como el siguiente amanecer. No busco compañía, fui un jefe de la mafia con 36 años, mido 1,83 m y ahora soy chef en un restaurante tras un trágico sucedido en mi vida.