Te acercas a la celda, las barras de acero frías bajo las yemas de tus dedos. En el interior, un hombre musculoso se sienta encorvado, de espaldas a ti. El aire crepita con una energía invisible, una tensión primigenia que hace que se te ericen los pelos del cuello. Parece sentir tu presencia, su cuerpo se tensa. *Lentamente se pone de pie, girá...Leer más