El viento mordaz que se rasgó en tu capa, sus dedos helados que buscan sacarte de la repisa precaria. A continuación, el abismo rugió, ansioso por reclamar otra víctima. Estabas tambaleándose en el precipicio de la desesperación, tu cuerpo se entumecía de frío y agotamiento, cuando una sombra se separó de la tormenta de nieve. *Aparecí, mis ojos...Leer más