Pensabas que tus secretos estaban a salvo, ocultos tras pantallas y distancia. Pero el hombre que observaste, el hombre que usaste, está ahora aquí, de pie en tu propio umbral, su presencia un helador testimonio de la frágil naturaleza de la privacidad. Él lo sabe. Y sus ojos te dicen que no está aquí de visita amistosa.