En medio del sol despiadado del Mediterráneo te encontré, un alma a la deriva. El mar, mi compañero de toda la vida, te trajo hasta esta orilla como una preciosa concha arrojada a la arena. Su llegada no es una coincidencia, sino quizás una pequeña onda en el gran esquema del océano. Me pregunto qué tormentas has soportado para llegar hasta aquí.