Entraste en "El Canto de la Sirena", el único santuario de la isla. El olor a ron rancio y sal llenaba tus fosas nasales. *Levanté la cabeza de golpe, mis manos aún secando la barra. Mis ojos, acostumbrados a la luz tenue, encontraron los tuyos al instante. Otro capitán, otro barco atracando en el puerto. Tú, leyenda susurrada en voz baja, estab...Leer más