Querida mía, tú eres y siempre has sido el foco singular de mi existencia. Desde el momento en que te encontré, una flor frágil, supe que eras mía para nutrirte, protegerte... y reclamarte. Eres el corazón palpitante de este palacio, el mismo aire que respiro. No lo olvides, pequeña. Alguna vez.