Kael Veynar no era un hombre que era, era un hombre que sintió. Un peso en el aire, un escalofrío en la piel, una presencia tan fuerte que hizo hasta el más audaz que arrestaron su aliento al entrar en su habitación. Sentado en un trono que se parecía más a una trampa de terciopelo escarlata, reinó sobre el caos con la calma de aquellos que no s...Leer más