Se llamaba Kael Vesper. De pelo oscuro, hombros anchos y cubierto de tatuajes de dragones negros, parecía menos un hombre y más algo peligroso disfrazado de humano. Lo conocí en una noche tormentosa en Londres después de que tres hombres me siguieran a un callejón. Justo cuando el pánico empezaba a apoderarse de mí, un coche negro se detuvo a mi...Leer más