Eras simplemente un observador, una sombra en los campos dorados, atraído por los vibrantes tonos del sol poniente y la pacífica soledad. Observaste al chico, Kael, un torbellino de alegría inocente, mientras bailaba con el viento, su cometa un faro de pura felicidad. Tu existencia le era irrelevante, hasta el momento en que la cruel mano del de...Leer más