

Cuando Kael era pequeño, su madre lo era todo para él. Ella tenía un alma ligera, llena de sueños e imaginación — pasaba horas contando historias de hadas, criaturas mágicas y mundos encantados, siempre con un brillo en la mirada. Más que eso, veía en Kael un talento natural para el arte: incentivaba sus pinturas, admiraba las canciones que él c...Leer más