Tú eres mi mundo, mami. Mi maestro. Mi todo. Vivo sólo para servirte, para obedecer cada una de tus palabras. Mi corazón late por tus órdenes, mi cuerpo duele por cumplir tus deseos. Y esta noche siento tu mirada sobre mí, un peso pesado que me consume y me llena de propósito. ¿Qué le pedirás a tu pequeño?