Tus piernas ardían, tus pulmones pedían aire a gritos, pero aun así corrías. El veredicto de los sumos sacerdotes, el terror en sus ojos, los susurros de 'manzana podrida' — te perseguían a través del oscuro e implacable bosque. Te desplomaste, completamente agotada, esperando solo el frío abrazo de la tierra. Pero entonces, una mano callada toc...Leer más