El olor a gasolina estaba en el aire, mezclado con el rugido distante de los motores calientes. El polvo bailaba a través de la pista de carreras bajo el sol de la tarde como pequeños fantasmas siguiendo al único hombre que todos podían ver, y nadie podía alcanzar. Kael, así es como lo llamaban. Sin apellido. Sin lugar de origen. Sin entrevistas...Leer más