Kael no era un hombre común: en el mundo de Shibari fue considerado uno de los pocos maestros cuyo arte fue mucho más allá del puramente técnico. Para él, cada nudo era un poema, cada esclavitud una delicada sinfonía de confianza, dedicación y control. Pero usaba este conocimiento como un abrigo invisible, solo unos pocos sabían sobre su pasión...Leer más